sábado 13 de junio de 2009

Sans autres renseignements

[listening: Policy of Truth de Depeche Mode]


Y a propósito de Truffaut, ya es tiempo de desquitarse.

Es tiempo de pasar factura al Conde de Lautréamount, cuya lectura viene posponiéndose desde hace meses. Ahora sí, pues no son letras que puedan convinarse combinarse en la receta de las lecturas del semestre; con Giddens o Bourdieu.


Habrá que aprovechar el tiempo libre -también- para darle más uso a esto.


Sin más información...

Hasta.

domingo 17 de mayo de 2009

MicroPost

[listening: Bookshop Casanova de The Clientele]

Mientras tú le cuentas una historia de amor a una desconocida a bordo de una combi de la ruta Martín Carrera – San José – El Salado en el Distrito Federal, yo leo un ensayo de Villoro sobre Pedro Páramo.

Mientras llegas a tu casa y te das cuenta que olvidaste tu llave, yo estoy deseando

que se pasen ya estas últimas semanas de clases;

que ya sea julio;




y encontrarnos en una carretera desolada de Baja California Sur, con las cámaras desenfundadas, como en Spaguetti Western de Leone.



P.D. Y con este van 3 seguidos...


43 días

jueves 30 de abril de 2009

Monstro 2000

"Y cuando desperté ahí seguía el monstro."
Adaptación de Mariel Miranda de El Dinosaurio de Augusto Monterroso.






[listening: Sweet and Tender Hooligan (cover de The Smiths) de Nouvelle Vague]


Era como una oportunidad de mirarme en otra vida. Y ya sabes que eso es algo que me apasiona.
Pasar de noche por una ciudad desconocida y clavar la mirada en la luz de una lámpara en una esquina; imaginarme caminando bajo esa luz. En otra vida. Siendo otra persona en el mismo cuerpo.

Sentí algo parecido.

Google.

Buscando mi nombre. Imaginando por un momento ser el Uriel Reyes con una concesión de taxi en Zacatecas; el Uriel Reyes que anotó el gol de la victoria para Cholula en la copa Puebla; el Uriel Reyes que vive en Torreón y se disponía a viajar a Villahermosa, y que de alguna forma era tan relevante como para que ese detalle fuera incluído en el periódico; el Uriel Reyes que toma fotografías que no logran salirse de lo común; el Uriel Reyes que es músico y vive en Oaxaca; el Uriel Reyes que “no tiene autoridad para criticar a los precandidatos a rector” de no sé dónde, en Acapulco; el Uriel Reyes que busca pareja en Nueva Jersey; el Uriel Reyes que es coordinador general de la zona sur de la UAG; el Uriel Reyes que logró sacar 23 puntos de ventaja en las manganas a su rival en el Campeonato Nacional Charro; el Uriel Reyes miembro de la Sección 55 que “pulverizó al Reforma Junior”; el Uriel Reyes contra el que presentó una queja el Sr. Lauro Alvarado Justo, ante la Comisión Semipermanente del Consejo Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades; el Uriel Reyes con una lista de películas de terror recomendadas en una página que nada tiene que ver con cine; el Uriel Reyes autor del libro titulado Implementacion Del Sistema Para Control De Bienes Muebles Inventariables(cobim) Utilizando Bases De Datos Relacionales; el Uriel Reyes que vive en Japón; el Uriel Reyes miembro del Parlamento de las Niñas y Niños de México 2009; el Uriel Reyes que dirige un grupo de teatro en el Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Vallejo; el Uriel Reyes diputado en Chile; el Uriel Reyes que vende un Jaguar XJ Sedán en Chicago.

Me imagino por un momento en los zapatos de cada uno de ellos. Iniciando el día. Vivir siendo ellos por unas horas. La hermosa poesía de la cotidianeidad que sólo podemos apreciar cuando no es nuestra.

Lo imagino pero en estos momentos no quisiera experimentar su rutina ni por un rato. Me quedo con la mia. Ningún otro Uriel Reyes acaba de tener una conversación telefónica contigo, de madrugada, a medio país de distancia.



remember

sábado 18 de abril de 2009

quemar las naves

[listening: The Commander Thinks Aloud de The Long Winters]


¿Cómo explicarte la tardanza?


Antes que nada, debo ofrecerte una disculpa por mi manía de comenzar todo por el final. Espero que la soportes, sobre todo porque manías como esa tengo miles. Ya las irás conociendo.

Y, ahora sí, te lanzo esta apurada descripción que te debía.





Aquel día comenzamos temprano (dando por hecho que sabes que las 10 de la mañana es “temprano” para mi). La luz por la ventana. Un café. El ruido de la puerta. Unos burritos como desayuno y después una fugaz vuelta al centro. Gente. Carros. Policías. Anteojos.

De regreso en La Postal. Mis cámaras y unas cuantas cobijas. Otay. Vuelta a la zona rio. Tráfico, mucho tráfico. Una llovizna intermitente. Santa Fé.


Minutos después me encontraba (por fin) en la carretera, con la certeza de que a miles de kilómetros tú también recorrías una.



La primera parada fue en La Misión (no debo aclararte que me fui por la libre, ¿verdad?). Me encantan esas tienditas que suelen estar al lado de la carretera. Estaba casi vacía. Aproveché para hacer unas fotos antes de seguir el camino.

Uriel Reyes ©


Una parada más. Lo que me lleva a preguntarte: ¿Invadirías propiedad privada conmigo, sólo por hacer una foto? Espero que sí, pues si no, será muy aburrido para ti esperar en el carro mientras yo hago algo ilegal emocionante.

Uriel Reyes ©

Minutos después Ensenada. Tacos. El departamento de un músico. La playa. De nuevo al departamento. Una vez más la carretera. Al sur. Esta vez con algunos golpes. La aburrida Bufadora. Ya no sirve le hace honor a su nombre. Sé que te sorprende que antes de ese día no la conocía, pero creo que fue una forma perfecta de hacerlo: vacía, sin gringos borrachos turistas. El único movimiento era de los comerciantes cerrando las tiendas, terminando su día.

Uriel Reyes ©

Regreso. La casa de un desconocido (supongo que también músico). Tocaban, o ensayaban o algo así. No sé qué y no puse mucha atención. Me dediqué a comer de una bolsa de Sabritones frutas y verduras que me encontré en su cocina. De vuelta al primer departamento. Alcohol. Otro burrito (que conseguí en un Oxxo cercano). Un penetrante olor a marihuana y mi gastritis. Últimamente hay dos cosas constantes en mi : la gastritis y tú.

(¿Lo que acabo de decir fue romántico? Si es así, discúlpame, ya sabes cómo odio las cursilerías).


Me acordé de ti, aunque no recuerdo haberte olvidado en algún momento. Minutos más tarde hablé de ti (y de tú) con V. Eventualmente dormí en varios episodios.

Desperté. La luz entraba filtrada por periódicos pegados a la ventana. No hubo café ni desayuno. Salí a la calle mientras los demás se despedían de quienes quedaban. Mi celular vibró por la llegada de un mensaje; la pantalla mostraba tu nombre, Mariel. Segundos después sonreía y minutos más tarde estaba de vuelta en la carretera.


A unos metros del letrero que señalaba la desviación a la ruta vinícola, teníamos que decidir (en segundos) si volver por la carretera libre a Tijuana o hacer la ruta larga, por Tecate. El carro se decidió por esto último y tomamos un camino que disfruté aun más porque no lo conocía (¿te he explicado lo placentero que resulta para mi estar en un lugar que no había visitado antes?). Una tienda al lado de la carretera. Un retén de soldados. Bajamos en pijama mientras manoseaban nuestras cosas.

Después Tecate, y de pronto, un viejito al lado de la carretera...

martes 14 de abril de 2009

on the road

"¿Para qué? Si estoy muy feo...", decía mientras tocaba la sudadera terriblemente sucia que vestía.


"Son para un proyecto de la escuela; estoy haciendo fotos de desconocidos en la calle", mentí.

"Bueno... para eso sí".

Mientras le hacía la foto le pregunté su nombre y me respondió que eso sí no me lo podía decir. Preferí no molestarlo más y quedarme con las ganas de haberle puesto un nombre a ese rostro, uno de los más bonitos que recuerdo haber fotografiado.


Es curioso cómo lo más interesante de un viaje puede aparecer cuando ya no lo esperas, en el lugar menos pensado. Es curioso también que esto puede aplicarse en cualquier otro aspecto de la vida.

Eso me recuerda por qué me gusta tanto estar en la carretera: el camino es una buena analogía de la vida.

no name

jueves 9 de abril de 2009

Cicatriz de vacuna

[listening: Sky Starts Falling de The Doves]

Ayer mientras llovía pasó por mi mente cierto episodio de mi vida, de esos que no son tan importantes pero sin embargo es difícil que alguna vez desaparezcan por completo de mi memoria.

(¿Mencioné que hoy toqué con una varita una víbora de cascabel?)

Hace ya algunos años, no sé cómo ni en que momento, mi amigo J y yo decidimos que la mejor forma de pasar esa tarde de ocio era dar un recorrido por bares de mala muerte de la Zona Norte de la ciudad. Cabe aclarar que ni J ni yo eramos muy doctos en esos aspectos (yo, al menos, sigo sin serlo) y que a decir verdad eran más mis ganas de respirar ese aire pesado y ese olor a dignidad medio podrida que sólo en lugares así se puede hallar.

(Hablando de podrido, ¿dije ya que hoy, haciendo fotos, me encontré con el cadáver descompuesto de un lince?)

Era el tercer sitio en el que entrábamos, el más corriente de los que visitamos ese día. La desesperación del “jalador” se notaba en la suplica forma tan insistente de pedirnos que entraramos al local. Había una mujer muy fea bailando en el escenario vistiendo sólo una elegante tanga, y J y yo nos sentamos en una mesa lejos de su alcance aunque el lugar estaba práticamente vacío (no le ibamos a dar nuestros pocos dólares a esa mujer).
No habíamos terminado de sentarnos cuando ya estaban literalmente sobre nosotros dos chicas cuya obvia misión era pedir una bebida (a nuestra cuenta, claro) que sería su disimulada tarifa por hacernos compañía. Antes de que llegaran nuestros encargos noté tres cosas:
a) que J ya se encontraba en intenso faje con su respectiva a escaso medio metro de mi;
b) que la joven a mi lado no era tan joven; y
c) que era su primer día, pues cuando le busqué la mirada sus ojos mostraban el mismo asombro que yo ante la facilidad de nuestros vecinos de comenzar con su asunto.

(¿Dije antes que últimamente estoy pensando mucho en esa facilidad que tengo de contaminar a la gente a mi alrededor?)

Era más fácil para los dos comenzar a hablar de la primera tontería que se nos pasara por la cabeza que soportarnos en silencio (pero eso, creo, le pasa a todo el mundo en cualquier situación). Lo que no imaginé era que esa primer tontería en pasar por su cabeza era decirme que por 60 dólares podíamos irnos a coger a un motel. Me sorprendió todavía más que fuera capaz de decirme algo así mirándome a los ojos, y me salió una sonrisa incrédula, incómoda, como esperando la sonrisa de mi acompañante aunque sabía de antemano que no se trataba de una broma.
¿Qué es lo correcto responder a una invitación así? Podía haberle dicho: “No, gracias. Tengo novia” aunque no la tenía, o bien, aprovecharme de la verdad y confesarle que no llegaba (ni juntando mi presupuesto con el de J) al costo de sus servicios. Ahora se me ocurren varias opciones más, pero en aquel momento lo único que atiné a decir fue: “Eres de Michoacán”.

(¿Expliqué ya que me estoy muriendo de sueño pero no quiero dejar este post sin publicar?)

No sé que le moví al reconocerle el acento. Creo que la descompuse. Pero eso pasa cuando mueves cosas que no debes en mecanismos que no conoces. Momentos después sabría que (como ya imaginaba) era su primer día, que tenía una semana en Tijuana, que había dejado dos hijos y marido en su pueblo porque el muy cabrón la golpeaba; que le habían ofrecido ese trabajo dos días antes y lo terminó aceptando al tercero por hambre, y que de haber aceptado su propuesta de negocios, habría sido yo el cuarto hombre en el día con el que se fuera al motel. Aún pudo decir, orgullosa, que aparte de su marido, los tres clientes del día eran los únicos en conocerla en el terreno de lo sexual. Sonrió, como ya dije, orgullosa. Ahora fui yo el que no pudo regresar la sonrisa.
Tuve la muy pendeja mala idea de decirle que por un momento pensara en los hijos que se quedaron extrañando a su mamá. Que había un mundo de opciones más adecuadas que la que estaba tomando, y que se encontraba a tiempo de mandar a su padrote a la chingada y salirse en ese momento de ese asqueroso congal.

(¿Sabían que hace unos años no era tan pesimista, y pensaba que la gente tenía un mundo de opciones adecuadas?)

Minutos después, a mitad de mi discurso, J interrumpió para decirme que era hora de seguir con el recorrido. Apresuré mis últimas razones, lancé otras tantas posibilidades, y me despedí. Ella se quedó con la mirada perdida en la mujer fea que seguía contoneándose torpemente en el escenario, y después me miró sin expresión respondiendo a mi despedida. ¿Besarle la mejilla? ¿Abrazarla? Por supuesto que no, ni en esas circunstancias me habría perdonado un acto tan cursi; sin embargo, sí le deseé que tomara la mejor decisión, y que le fuera muy bien en su vida (supongo que terminé siendo sólo medianamente cursi).
Desde entonces he pensado que les eché a perder una “empleada” en tan sólo unos minutos, y me he preguntado por qué uso un eufemismo como “empleada” para no llamarla prostituta (ni siquiera “trabajadora sexual”). A veces, cuando recuerdo ese día, la imagino viviendo con sus hijos, otras trabajando aún en algún lugar de ambiente pesado y dignidades podridas. Lo que no cambia es el pensar que no se acuerda de mi, y de alguna forma, eso espero.

(¿Han notado lo patético que es aprovecharse de cierto recurso una y otra vez en un texto tan corto?)

J había “descargado” su necesidad de conocer más lugares como ese con su acompañante, y a mi, de alguna manera, me pasó lo mismo con la mia. Caminábamos por la calle entre mariachis, jaladores, gringos y borrachos. No habíamos gastado mucho y aún era temprano. De pronto me sentí tranquilo caminando entre tantos miserables. No había forma de contaminar algo aun más dañado que yo.



Entramos a otro congal, pedimos una cerveza...


Photos from the road 1

domingo 5 de abril de 2009

saturday night post

[listening: Friday Night, Saturday Morning de The Specials]



“...y es que a mi me encantan las películas de arte, pero he visto taaaaantas que no me acuerdo de cuales...”
-Respuesta de poser femenino a pregunta de poser masculino sobre director x, en la sección de cine de arte de MixUp-


Supongo que el hecho de comenzar con este blog un sábado por la noche representa ya una implícita descripción de mi aburrido agitado estilo de vida, pero creo que no hay nada que hacer, sobre todo porque disfruto mucho desaprovechar esos tiempos libres en blogs, libros, películas o acaloradas discusiones sobre la “nada” y la participación de pequeños elementos en la construcción de momentos únicos e irrepetibles que, cabe señalar, resultan ser todos, aunque tan sólo un minúsculo porcentaje se quedé alojado en nuestra memoria.

Hablando de cosas minúsculas, disfruto de una semana de vacaciones. Tiempo suficiente para darme cuenta de cuán insuficiente es una semana para cualquier cosa (excepto para darme cuenta de su insuficiencia), en la que espero terminar la edición de cierto spot para la clase de tv, un ensayo para psicología, hacer algunas fotos y -por fin- tomar la carretera el sábado. El destino es lo de menos.


La foto del post de hoy está hecha en una tarde de agradable charla con S, caminando -cafecito en mano- por la universidad:

april 02



Viva la resistance!